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Todos esperamos respeto, que nos respeten en el trabajo, los compañeros, los jefes, en la calle, la micro, la fila del colectivo, los hijos, los padres, los esposos (as), etc.
Sin embargo, este principio tan importante poco a poco a empezado a diluirse en el tiempo.
El exceso de libertad con el que vivimos nos hace pensar que tenemos derechos sobre las demás personas y por ende no necesitamos mostrarles respeto.
“El respeto no es miedo ni temor; es la capacidad de ver a las personas tal cuales son, estar conscientes de su carácter único como individuos. Así, el respeto implica la ausencia de cualquier tipo de explotación: me interesa que las personas crezcan y se desarrollen por su propio bien, empleando su propio estilo de hacerlo, y no para el propósito de servirme.” —Erich Fromm, El arte de amar
Muchos exigen el respeto de los demás, pero no son dignos de recibirlo y terminan enojados o frustrados porque no logran conseguir lo que buscan.
La nueva generación de personas, se esta criando en un mundo donde el respeto hacia los demás no es algo importante.
No es difícil encontrar hijos que golpean a sus padres, o que maltratan a los ancianos o que se vuelven anarquistas y están en contra de todo lo que no les parece bien.
¿Pero quien es responsable de esto?
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