Hoy vamos a terminar con nuestro ciclo de sermones acerca de Corriendo con los Gigantes de
la Fe, espero que lo que hayamos aprendido de estos personajes, nos anime a seguir adelante con nuestra vida cristiana y nos hayan servido de inspiración pensando que ellos hace muchos años atrás también estuvieron en la carrera.
Nuestro último gigante de la fe será Abraham.
Hay algo especial en Abraham, no se destacó por hacer grandes obras delante del pueblo de Dios, tampoco fue usado para liberar a su pueblo, ni para convertir el agua en sangre, o para enfrentar al Faraón de Egipto, tampoco sacó agua de la roca, ni abrió el mar para que los israelitas cruzaran, pero aun sin haber hecho nada de esto, fue llamado el padre de la fe.
Hoy empezamos nuestro ministerio de Jóvenes Cristianos.
Ellos estarán estudiando durante algunos meses un curso especialmente preparado por el Ministerio de Enseñanza de la Iglesia en México. Carlos Lillo estará ayudandonos en la preparación de nuestros hermanos jóvenes.
Cuando terminen este curso, cada uno estará capacitado para servir en diferentes ministerios de la Iglesia.
Nuestro sermón de hoy tiene que ver con otro de los gigantes de la fe, se trata de Moisés.
Moisés fue un hombre que sobresalió en la historia del pueblo judío, porque fue el líder que los rescato de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto, además Dios le entregó a él y no a otro la ley que regiría la conducta del pueblo.
Pero además de todo esto, Moisés era un hombre de fe.
Un hombre que pudo sobreponerse y levantarse una y otra vez para seguir creyendo en el Plan de Dios a pesar de que todo a su alrededor le instaba a dejar de creer.
Y esto es un gran ejemplo para nosotros, porque muchas veces el desánimo, la falta de fe, los problemas y aún las dificultades con otras personas, nos atacan en nuestra carrera como cristianos y luchan por desalentarnos, para que dejemos de avanzar y volvamos al principio, sin embargo Moisés, un hombre común y corriente que cometió errores y dudo muchas veces de que Dios podía usarlo, fue capaz de levantarse y vivir su vida por fe.
Como cristianos estamos llamados a vivir por fe, o como Pablo dice en 2 Corintios 5:7 Caminamos por fe, las circunstancias de la vida no pueden ser motivo para hacernos volver atrás, Dios nos llama a seguir, a luchar, a correr junto a los gigantes y aprender de ellos para cada día acercarnos mucho más hacia la meta que es estar con Dios en el cielo.