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Hace tiempo, un hombre que corría una maratón llegó al estadio donde se realizaba la última vuelta para llegar a la meta.
Mientras corría cayó al suelo y no podía ponerse de pie para seguir corriendo porque sus piernas estaban con mucho calambre, al instante sin que otras personas pudieran detenerlo su padre bajo los escalones y entro a la pista para afirmar a su hijo y ayudarlo a correr y llegar a la meta.
Muchas veces en nuestra vida también necesitamos la ayuda de alguien que se nos acerque y nos transmita fuerza, ánimo y que nos afirme para seguir corriendo.
El día de hoy vamos a continuar con nuestro ciclo de sermones sobre corriendo con los gigantes de la fe y esta vez correremos con el gigante David.
David es uno de los hombres que mas me han inspirado en mi fe, después de Jesús para seguir corriendo mi carrera como cristiano.
Algo que me ha impactado de él, es la relación que tenía con Dios, el amor, la pasión y la confianza que tenía puestas en Dios.
Salmo 18:1-2, 29,32; 23:1; 62:5-7; 63:1,3,6.
Esta es la confianza que podemos desarrollar a lo largo del tiempo una vez que empezamos a conocer a nuestro Dios.
A lo largo de su vida, David enfrento muchos gigantes, el desánimo, la frustración, el desconsuelo, el miedo pero pudo hacer frente a cada uno de ellos gracias a la relación que tenía con Dios.
Dios quiere vernos crecer, el quiere que podamos vencer a nuestros gigantes.
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